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lunes, 6 de febrero de 2012

De lo que no veas, ni la mitad te creas

También: De lo que no veas la mitad solo creas.

Recomienda desconfiar de aquello que nos cuentan y no hallamos sido testigos, ya que es fácil que por voluntad o sin querer nos estén contando algo falso o exagerado y es que si hiciéramos caso de los relatos orales estaríamos dando pábulo a historias de lo más inverosímil. Podemos sin esforzarnos recordar todos historias exageradas que nos han contado como ciertas y todos sin duda conocemos a alguien que gusta de exagerar.

La presencia de un testigo ha sido siempre muy valorada en, por ejemplo, las causas judiciales. Hoy día, por suerte, se da preeminencia a las pruebas y un segundo lugar a los testigos, puesto que están más que demostrado que nuestros sentidos nos engañan a menudo. No hay científico que se precie que le dé demasiada importancia a los testigos, sino que cualquier experimento debe poder ser replicado para creerse.


domingo, 27 de marzo de 2011

Ver para creer

Refrán que recomienda solo dar credibilidad a aquello de lo que hayamos sido testigos directamente, y no a través de lo que otros nos han dicho y ser escépticos cuando algo nos lo asegure otra persona. Sirve a menudo como expresión de incredulidad ante lo que otro nos está contando, exigiendo pruebas; aunque también para expresar sorpresa ante un hecho cierto que estamos presenciando y que con estas palabras afirmamos que no creeríamos si no lo tuvieramos delante.

Pocas cosas son tan poco fiables como un testigo... sí, he dicho bien: poco fiables. Los testigos seguros de lo que habían visto han enviado a innumerables inocentes a la cárcel o a peores destinos; testigos hay a cientos que han visto monstruos, extraterrestres, apariciones divinas, espíritus... y realmente ¿son de fiar?

Tiene este refrán añadidos que le dan una vuelta de tuerca a su sentido:
  • Ver para creer, y no toda vez. Resalta que incluso de lo que somos testigos hemos que desconfiar pues no es raro que nuestros sentidos nos engañen.
  • Ver para creer y, para no errar, tocar. Lleva la desconfianza a posteriores comprobaciones, para evitar ser engañados.
Similar es el refrán Fíate de tu ojo antes que de tu oreja (en valenciano Val més fiar-se dels ulls que de les orelles), con el mismo sentido, no hacer caso a lo que nos cuenten, sino a aquello que hayamos presenciado directamente.



miércoles, 20 de mayo de 2009

Oigamos, pero no creamos hasta que veamos

Refrán para desconfiados, aconseja no dejar de escuchar las promesas (“oigamos”), pero no darles más valor que ese, el de promesas, hasta ver que efectivamente se ejecutan y se convierten en realidades. Tiene una carga de cinismo similar a si no lo veo, no lo creo, pero con el matiz de la importancia que da a prestar atención a las promesas.

En cierta ocasión, en una tertulia radiofónica uno de los contertulios usó el refrán, siendo apostillado por otro:
-Oigamos, pero no creamos hasta que veamos.
-Oigamos y apuntemos - dijo el otro.

lunes, 20 de abril de 2009

Si no lo veo, no lo creo

Refrán de la incredulidad, del caer en la cuenta de algo. Se exclama cuando estamos ante algo que nos impresiona, que no esperamos, que no creeríamos sino fuera con la fé de santo Tomás, el discípulo que hubo de tocar las llagas de Cristo para creer, según la mitología cristiana, que este había resucitado: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré."
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