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lunes, 28 de enero de 2013

La salud es un tesoro de más quilates que el oro

Un dilema que todos nos hemos planteado alguna vez es ¿qué es mejor, tener salud o poseer mucho dinero? La respuesta lógica suele ser la salud, como nos indica este refrán, que la pondera muy por encima del oro; al fin y al cabo, ¿de qué sirven todas las riquezas si no podemos disfrutarlas porque nuestros achaques no nos lo permiten?





martes, 13 de septiembre de 2011

El avariento, do tiene el tesoro tiene el entendimiento

Cada persona se cuida de aquello que más estima y tiene su pensamiento ocupado con los problemas que esto le trae; por esto se dice que el avaro anda siempre pensando en su dinero y esto no le daja var otras cosas que, sin duda, son más importantes.

jueves, 2 de junio de 2011

Quien tiene un amigo, tiene un tesoro

Variantes: Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro.

Refrán que pondera el valor de la amistad por encima de cualquier bien material, y desde luego en las necesidades verdaderas podemos encontrar más fácilmente ayuda en un amigo que en cualquier posesión.


viernes, 8 de enero de 2010

Juventud, divino tesoro

Ya hemos tratado en alguna ocasión de refranes y frases hechas con origen culto, y aquí tenemos otro ejemplo. Este es un verso del gran poeta modernista nicaragüense Rubén Darío, si bien ha pasado ya al acervo popular como frase hecha, invocación y loa de la juventud, aunque muchos no saben cuál es su origen, ni conocen, desgraciadamente la obra de este escritor. (Nota: tal es la difusión, que la he oído incluso en catalán, con una traducción literal: Joventut: tresor diví.)

El poema, titulado Canción de otoño en primavera, lo reproduzco aquí:
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y de aflicción.

Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
halagadora y expresiva,
la otra fue más sensitiva
cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y te mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión;
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.

¡Y las demás! En tantos climas,
en tantas tierras siempre son,
si no pretextos de mis rimas
fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer...
¡Mas es mía el Alba de oro!

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