Mostrando entradas con la etiqueta solución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta solución. Mostrar todas las entradas

viernes, 3 de enero de 2014

El nudo gordiano y su corte

Un nudo gordiano es una dificultad insoluble, un problema en el que nadie encuentra la solución. También podemos referirnos de esta manera, más literalmente, a un lío de cuerdas imposible de desatar por lo enredado.

El origen de esta expresión es histórico-legendario, ya que parece ser que había un carro en Gordión, ciudad de Frigia, en el que un fuerte nudo ataba el yugo a la carreta, de forma que ninguno de los cabos era visible y se decía que, quien fuera capaz de desatarlo, conquistaría Asia. Llegando a la ciudad Alejandro Magno inmerso en su guerra contra Darío III y el Imperio Persa, acudió al templo de Zeus donde el carro estaba. Incapaz Alejandro de encontrar el artificio, decidió Alejandro cortar por lo sano (nunca mejor dicho) y, sacando su espada, cortó el nudo, separando el yugo de la carreta.

Así, cortar el nudo gordiano es una expresión que equivale a tomar una solución drástica pero acertada para solucionar una cuestión de gran dificultad.

Dejo a mis lectores el capítulo III del libro segundo de la Anábasis de Alejandro del escritor greco-romano Lucio Flavio Arriano, en el que se cuenta la anécdota, no sin antes recomendar la lectura de esta obra, en la que yo me hallo enfrascado:

Alejandro en Gordión
Cuando Alejandro llegó a Gordión, fue presa de un ardiente deseo de subir a la ciudadela donde se ubicaba el palacio de Gordio y su hijo Midas. Tenía ganas de ver el carro de Gordio y el nudo que unía el yugo al carro. Existían gran cantidad de leyendas acerca de este carro entre la población del lugar. Se decía que Gordio había sido un campesino pobre que vivía entre los antiguos frigios, cuyas únicas posesiones eran un pequeño pedazo de tierra para cultivar, y dos yuntas de bueyes; a una la empleaba en el arado y la otra para tirar del carro. En una ocasión, mientras estaba arando su campo, un águila se posó sobre el yugo, y permaneció parada allí hasta que llegó el momento de desuncir a los bueyes. Alarmado por tal vista, Gordio fue a ver a los augures de Telmeso para consultarles el significado del portento, porque la gente de allí son duchos en la interpretación de las manifestaciones divinas, y el don de la adivinación se les ha concedido no sólo a sus ancianos, sino también a sus esposas e hijos de generación en generación. Cuando Gordio conducía su carro por una aldea cerca de Telmeso, encontró a una muchacha que iba a buscar agua del manantial, y a ella le relató cómo el águila se le había aparecido. Ya que ella misma tenía dones proféticos, le dijo que debía volver al mismo lugar y allí ofrecer sacrificios a Zeus. Gordio le pidió que lo acompañara para explicarle la forma correcta de realizar el sacrificio. Así se hizo, siguiendo las instrucciones de la joven, y luego él se casó con ella. Un hijo les nació al poco tiempo, al que llamaron Midas, quien al llegar a la edad de la madurez sería a la vez hermoso y valiente. En aquellos tiempos, los frigios se vieron acosados ​​por continuos disturbios civiles, y decidieron consultar al oráculo, que les dijo que un carro les traería un rey que pondría fin a sus discordias. Mientras ellos todavía estaban deliberando sobre dicho asunto, Midas llegó con sus padres, y se detuvo cerca de la asamblea con el carro en cuestión. Los ciudadanos, interpretando que la respuesta del oráculo se refería a él, se convencieron de que esta persona era el monarca que vendría en un carro, tal como había sentenciado la divinidad. Por lo tanto, nombraron rey a Midas, y él, tras poner fin a las luchas internas, dedicó en la acrópolis el carro de su padre como ofrenda de agradecimiento a Zeus por enviar al águila. Además de esta historia, en esos tiempos se contaba otra más popular sobre el carro: aquél que pudiera desatar el nudo con que el yugo estaba unido a la carreta, estaba destinado a ser el gobernante de toda Asia.
La cuerda estaba fabricada con corteza de cornejo, no se podía ver dónde comenzaba ni dónde terminaba. Según relatan algunos, Alejandro no pudo encontrar ninguna manera de aflojar el nudo; sin embargo, como no estaba dispuesto a resignarse a que siguiera sin ser desatado, y para no perturbar a la muchedumbre, golpeó el nudo con su espada y lo cortó en dos, exclamando que él sí había logrado desatarlo. Pero Aristóbulo dice, al contrario, que primero desenganchó la clavija de la lanza – una estaca de madera que la atraviesa de una parte a otra –, y tirando simultáneamente del nudo, pudo separar el yugo de la lanza del carro. No puedo, sin embargo, precisar con seguridad cómo fue en realidad que Alejandro actuó en relación a este carro. En cualquier caso, tanto él como sus tropas salieron de la acrópolis convencidos de que la predicción del oráculo había sido cumplida. Por otra parte, ésa misma noche, hubo truenos y relámpagos que fueron vistos como señales del cielo confirmando que así era; y por esta razón, Alejandro ofreció al otro día sacrificios a los dioses que habían puesto de manifiesto dichas señales, una manera segura de hacerle conocer que el nudo había sido desatado de forma apropiada .

viernes, 19 de abril de 2013

A buenas horas, mangas verdes

Con este conocido refrán, a menudo acortado solo a su primera parte (A buenas horas), decimos que alguna solución o persona han llegado con retraso para el propósito para el que se las necesitaba.

Su etimología es muy clara y conocida, pues nos remite al cuerpo de orden público conocido como Santa Hermandad. Se trata de una organización que buscaba garantizar el orden y la libre circulación de personas, con carácter eminentemente rural que, aunque tiene precedentes, fue fundada como tal por los Reyes Católicos el 19 de abril de 1476. La vestimenta de este cuerpo fue en principio toda de verde, quedando luego en una camisa verde con chaleco de cuero oscuro, lo cual podemos visualizar fácilmente como unas "mangas verdes", funcionando este sintagma en el refrán como una sinécdoque (la parte por el todo) de esta organización y  su retraso ante el delito, la ineficacia; pasando luego a simbolizar a cualquier solución que no llegue a tiempo para su problema o persona que acuda más tarde de lo necesario.

miércoles, 15 de agosto de 2012

¡Equilicuá!

Esta interjección se usa para indicar que por fin hemos encontrado la solución a un problema o asunto que nos daba que pensar, también para señalarle a alguien que lo que acaba de decir es correcto. Puede tener cierto matiz de sorpresa.

No viene recogida esta interjección por el diccionario de la RAE, aunque sí por otros, aunque solo como interjección. La verdad es que también se usa sustantivada esta palabra con el significado de el porqué, el quid de un asunto.

Etimológicamente viene del italiano "Eccolo qua!" que podríamos traducir como "Helo aquí" o "Aquí está". Esta expresión, a su vez, vendría del latín, a partir de ecce (he aquí) y del relativo qui, quae, quod.

Algunos proponen una etimología desde el latín aequalis, "igual", menos probable por evolución patrimonial y por significado. Tampoco parece problable que proceda del latín quidem y el añadido de cua.

Ejemplos de uso:
En 2009, cuando Tusquets acababa de publicar El club de los estrellados, la escritora y el escritor se encontraron por fin en la fiesta del 40º cumpleaños de su editorial. Aquel encuentro podría parecer un buen final para esta historia, pero, ¡equilicuá!, existe otro mejor.

Hace días zapeando en la radio del coche, una “analista” decía en algo así como que estaba sorprendida de la fuerza de los comunistas tunecinos ya que en las manifestaciones “ondeaban miles de banderas rojas”. Estupefacto deduje que quizá “la sobrina de Mubarak” fue detenida en Italia por ser comunista y de ahí las revueltas. ¡Equilicuá!

Escribe un diario (con doble fondo) de sus desventuras, que se multiplican como una matrioska mientras persigue, de charco en charco, el 'equilicuá' de su existencia, ser feliz.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...