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jueves, 24 de marzo de 2011

No hay mal que por bien no venga

Así decimos cuando de un hecho en principio negativo se sigue alguna consecuencia que no lo es tanto o incluso que es positiva; a veces se dice como consuelo cuando se espera que cambie el sentido de un suceso o se busca alguna consecuencia al menos paliativa.

Este refrán me recuerda una historia sobre un anciano estoico que leí hace tiempo y en la que el aparente sentido de los acontecimientos no deja de cambiar:

A una familia de campesinos se les escapó el caballo que usaban para las labores del campo. El hijo se lamentaba de la pérdida, pero su padre solo dijo "Ya veremos".

El hijo se extrañó de la respuesta de su padre, pero, cuando al poco de pocos días el caballo volvió acompañado de una yegua salvaje se fue corriendo a comunicar su alegría a su padre

-Padre, qué alegría, ahora nos ha sonreído la fortuna.

-Ya veremos -fue lo único que contestó el hombre y de nuevo el hijo no supo a qué atenerse.

Cuando el muchacho quiso domar a la yegua, esta le derribó y de resultas de la caída se le rompió una pierna.

-Padre, ahora sí que estamos perdidos. La desgracia se ha cebado con nosotros, no podré ayudarte en las labores del campo y seremos aún más pobres. Esto sí que es una desgracia.

-Ya veremos -dijo el campesino.

A los pocos días, pasaron los enviados del señor de aquellas tierras reclutando a los jóvenes para la guerra en un lugar lejano y el muchacho no pudo ser llamado a filas por su caída. más prudente el hijo dijo.

-Ahora te entiendo, porque mi pierna sanará en unas semanas y en la guerra podría haber perdido la vida. Aun así no sabemos si mañana este hecho se volverá en bien o en mal... ¡Ya veremos!

Y "ya veremos" respondió el padre.

miércoles, 7 de julio de 2010

A Dios rogando y con el mazo dando

Usamos este refrán en dos sentidos, uno para indicar que aunque confiemos en la providencia no debemos dejar por ello de esforzarnos para conseguir nuestros objetivos. Así, recuerdo una película de aquellas antiguas de Sinbad el marino en la que citaba a menudo un supuesto dicho árabe que decía Confía en Alá, pero ata a tu camello, haciendo evidente que los rezos no deben distraernos de cumplir con nuestro deber y de ser precavidos.

Por otro lado, puede usarse para indicar a quienes tienen una doble actitud, es decir, son unos hipócritas y por un lado aparentan bondad pero por el otro no dejan de intentar salirse con la suya con cualquier medio.

Cervantes la recoge en una de sus Novelas ejemplares, La gitanilla, con la forma Al cielo rogando y con el mazo dando, en el primero y más habitual de los sentidos.


martes, 21 de abril de 2009

Nunca falta quien te dé un duro para un apuro

El duro, como la mayoría de mis lectores sin duda recuerdan, era la moneda de cinco pesetas. Muchas personas en España contaban en duros, en vez de en pesetas y hoy, cuando ya hace algunos años que se introdujo el euro, conozco personas que siguen transformando las cantidades a pesetas, pero también las que las siguen pasando a duros (un euro son 33'335 duros).

El refrán se podría igualar con el aforismo cristiano “Dios es providente” por la convicción de que en los apuros se abre una puerta donde otra se cerró y siempre se va saliendo, especialmente con la ayuda de los demás. Se trata por tanto de un refrán de buen rollo y confianza.

Sin embargo, frente a la ingenuidad de este, tiene uno muy similar en forma, que no en significado, que dice Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estás en apuros, refrán que, no sin mala leche, no solo no cree que las ayudas se produzcan cuando son necesarias, sino que además afirma que si alguien se ofrece será cuando menos falta hagan.


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